Hemos encontrado una noticia sorprendente publicada el 17 de febrero del 2012 en el Periódico de Extremadura.

En Alvarado, una pedanía de la ciudad de Badajoz de poco más de 300 habitantes hay un parque infantil viejo y que ha tenido poco mantenimiento por parte del ayuntamiento. Un vecino del pueblo, harto que sus hijas tuvieran pocas alternativas de ocio en el pueblo y cansado de esperar que arreglaran los columpios decidió reparar el mismo los columpios.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por lo que vemos en las fotos hizo unos asientos muy fuertes de madera recubiertos de hierro y con cadenas, y la verdad seguro que son muy resistentes. El problema es que si bien hace 20 o 30 años era muy común encontrarse asientos de estas características ahora la normativa dice que los asientos deben estar cubiertos de caucho para evitar que los niños se golpeen la cabeza con el hierro del asiento.El bien intencionado vecino puede tener un disgusto porqué des del ayuntamiento dicen que los asientos no están homologados y esta acción le puede conllevar una sanción.

Por las fotos, no se ve mucho, recomendamos al Ayuntamiento de Badajoz que compren al menos unos asientos de columpio homologados para uso público. Los que vendemos nosotros tienen una plancha de acero recubierta de caucho que los hace muy fuertes y seguros.
sillita columpio homologada
Si tienen más presupuesto, podrían poner una plancha de hormigón en el suelo y poner caucho para evitar que los niños se hagan daño en caso de caída. Parece que el suelo está muy compactado y la norma dice que el suelo debe ser blando, por lo que si no hay abundante arena, tienen que poner caucho.

suelo de seguridad para columpios
En Topludi somos conscientes que España está sufriendo una de sus peores crisis económicas, así que en muchos ayuntamientos no tendrán dinero para montar nuevos parques, pero pensamos que al menos los que tienen, deben hacerles el mantenimiento de los columpios para que puedan ser utilizados por los niños durante muchos años.

 

Actualización 27/02/2012

El sábado 25 de Febrero del 2012, aparece en LA VANGUARDIA, un artículo de Quim Monzó dando su opinión sobre esta misma notícia. Pegamos su artículo a continuación:

Bondad o inconsciencia

Alvarado es una pedanía de Badajoz, a unos veinte kilómetros del núcleo urbano. Tiene poco más de trescientos habitantes y vive básicamente de la agricultura y la ganadería. El Periódico de Extremadura explicaba días atrás que los columpios del parque de Alvarado llevaban tiempo estropeados y que ahora no lo están porque uno de sus habitantes, padre de unas niñas, decidió que, como el Ayuntamiento no los arreglaba, lo haría él mismo. Dice el diario: “El padre se puso manos a la obra y los reparó. Ahora esta acción le puede costar un disgusto si, como dice el concejal de Poblados, Jesús Coslado, ha podido incurrir en una negligencia porque los asientos que ha colocado podrían entrañar un riesgo para los niños, ya que no están homologados y esta acción puede conllevar una sanción”. El concejal explica que el hombre ha sido impaciente, ha actuado “de forma individual” y ha colocado asientos de madera con marcos de hierro, que considera peligrosos, tan peligrosos que los sacarán inmediatamente.

Está claro que habrá vecinos que consideren que el hombre es una especie de héroe, un individuo generoso que, ante la evidencia de que pasaba el tiempo y el Ayuntamiento no reparaba los columpios, los ha arreglado él para que, así, los niños del pueblo (sus hijas incluidas) puedan usarlos. Pero otros considerarán que, a pesar de su buena voluntad, la iniciativa no cuenta con ningún tipo de permiso ni hay control sobre la idoneidad de los columpios que ha puesto. Hoy en día los juegos infantiles están sometidos a mil verificaciones. La diferencia entre los toboganes y los columpios de cincuenta años atrás con los de la actualidad es abismal. Antes, todos eran de metal, con soldaduras evidentes y una capa de pintura que se iba pelando poco a poco. Hace unas décadas, de repente aparecieron juegos nuevos, de formas redondeadas, de plástico y de madera, que revolucionaron el paisaje de los parques. La gente decía que estaban hechos en Suecia, diseñados meticulosamente: con formas calculadas para que no puedan hacer daño en ninguna circunstancia. De repente, aquellos columpios y aquellas barras y aquellos toboganes con los que habíamos vivido siempre pasaron a ser el colmo de la inconsciencia. ¡Pobres niños! ¿Cómo habían sobrevivido a toda esa falta de control? Y ahora, en este mundo donde todo se verifica milimétricamente, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo el hombre de Alvarado toma la iniciativa y coloca asientos con marco de hierro. Si algún niño se hubiese hecho daño, ¿quién habría sido responsable? Él por hacerlo y el Ayuntamiento por permitirlo, supongo. Y entonces sucedería que, en los diarios que han publicado la noticia, los mismos lectores que ahora lo enaltecen como un héroe lo acusarían de poco menos que de homicida potencial. En la vida muchas cosas van del canto de un duro.